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Llevo tiempo sin tocar este blog… ando liado con el trabajo, mi colección de jazz y la fotografía.  Desde que se inició la masacre sobre Gaza estaba tentado de escribir algo….. usar por ejemplo vuestras páginas y dar mi opinión …. pero ya veis…. es imposible….. además habéis metido mas anormales como administradores y uno no tiene tanto estomago.

PD.: Adael…  Júrame por tus muertos que no  has borrado tú el blog para hacerte la víctima….. Tiene toda la pinta de eso…. como la política exterior israelí  empeñada en hacer malos a los demás.

 

re-linda verdad?

re-linda verdad?

Os gusta….?  Sólo me queda desearos un feliz domingo en Madrid…. tanto cómplice de criminales de guerra juntos, frente a la Embajada de Israel, debe ser la releche…..

Recortes de Prensa

Acre, ensayo de un pogromo

Los disturbios entre árabes y fundamentalistas judíos en una ciudad de 50.000 habitantes han provocado segregaciones que evocan el nazismo

JUAN MIGUEL MUÑOZ - Acre - 20/10/2008

Las piedras como puños y los restos de los cócteles molotov aparecen entre los escombros calcinados. De la casa de Berta y Mohamed Ahmed queda el esqueleto. Negro. “Vivo aquí desde hace 28 años y quemaron hasta mi buzón. Los vi desde la ventana. Son gente de este barrio; los puedo reconocer”, narra atropelladamente el cincuentón Mohamed. Grita y apenas resiste el llanto. “Reían mientras nos atacaban. Los vecinos habían retirado los coches para que no los quemaran. Estaba todo planeado. Los policías estaban a 100 metros; no hicieron nada, y los bomberos no apagaron las llamas”.

La ciudad de Acre, patrimonio de la humanidad, es un polvorín. Catorce casas de árabes han sido arruinadas; seis, calcinadas por fundamentalistas judíos. Catorce familias viven desde entonces en un hotel de la preciosa ciudad vieja. En Acre -50.000 vecinos, el 40% de ellos árabes-, la convivencia, siempre frágil y cargada de recelo, ha recibido un golpe devastador.

El asalto impune a la residencia de los Ahmed sucedió en la madrugada del sábado 11, cuando ya había brotado la chispa de los disturbios en la festividad judía de Yom Kipur, el 9 de octubre. Un árabe se atrevió a conducir su vehículo en un barrio mixto árabe-judío. Una afrenta para los religiosos judíos en fecha tan señalada. No digamos para los más fanáticos, que organizaron una persecución inmediata. Asediaron al árabe en casa de su hija y la apedrearon durante horas. “Muerte a los árabes”, chillaba la horda, según relatan varios lugareños.

Desde las mezquitas se advirtió de la agresión y cientos de jóvenes árabes se dirigieron al barrio de Shikun. Quemaron docenas de coches y destrozaron lunas de comercios de judíos en la principal arteria de la ciudad. La policía sólo controló la situación a las cuatro de la mañana, y los daños se repararon con rapidez.

A partir de ese día, el miedo y la impotencia dominan a los árabes. Muchos prefieren no hablar. La policía, que patrulla a todas horas, ha establecido controles a las entradas de la ciudad. Los llamamientos al boicoteo de los comerciantes árabes se sucedieron. Y el alcalde, Shimon Lankri, aportó su grano de arena: suspendió el festival de teatro de la ciudad, el acontecimiento anual que nutre las arcas de la población árabe, que tacha la medida de “castigo” añadido.

Una anciana judía, ya en los noventa, asiente a las palabras de las dos hijas que le acompañan. “Son nazis judíos. El boicoteo a los comerciantes árabes es como lo que sucedió en los años treinta en Alemania”. Su madre abandonó Berlín en 1933 cuando el antisemitismo se desató virulentamente. El pequeño pogromo de Acre resulta también intolerable para Dov Yirmia, que lo ha visto todo a sus 94 años. “Nací durante el Imperio Otomano en un pueblo de Galilea. Después vinieron los 30 años de mandato británico. Ahora llevo 60 años bajo el paraguas de Israel. Fui oficial en la guerra de 1948. Lo sucedido no ha sido espontáneo. Ha sido planeado por racistas judíos que quieren librarse de los árabes. Mi país ha tomado el rumbo equivocado. Es un grave riesgo para Israel y los judíos”.

Yirmia habla frente a una tambaleante carpa improvisada en el centro de la ciudad de los cruzados. Allí, Walaa -una joven estudiante de 20 años que prefiere omitir su apellido- siente miedo. “Vivía en un edificio de 32 pisos en el que residen otras tres familias árabes. Me amenazan de muerte desde hace meses. Tengo a un concejal por testigo, que vio quién me amenazó. No volveré”, insiste una y otra vez. Y tampoco denunciará la amenaza. Teme represalias. Walaa habla hebreo, inglés y árabe, y chapurrea español. Es una palestina de Acre que, como su amiga Noor Alí -también en la calle-, gusta del atuendo occidental: nada de velo, y brazos al aire.

Colonos extremistas evacuados de Gaza en 2005 se han instalado en Acre. Los bajos precios subvencionados de las viviendas son golosos. Han florecido lasyeshivás (escuelas religiosas), y los activistas que patean la ciudad afirman que son ellos quienes azuzan el fuego. Un fuego del que trata de sacar tajada el Movimiento Islámico de Israel, que aportó inmediatamente 1.000 shekels (200 euros) de ayuda a cada familia, que prefiere desvincularse de los islamistas. “Si esas 14 familias no regresan a sus hogares, el Estado estará protegiendo la limpieza étnica y respaldando a los racistas”, explica el eurodiputado David Hammerstein, alucinado por lo que observó durante dos días de charlas en Acre.

Hoy y mañana, los judíos concluyen la festividad del Sukkot. Pasearán la torah por la descuidada -aquí no invierten las autoridades- ciudad vieja, habitada por árabes. Lankri asegura que extremistas judíos planean organizar disturbios. Pero, a diferencia de lo que decidió sobre el festival de teatro, dice que no prohibirá la marcha religiosa.

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Recortes de Prensa

ENTREVISTA: ABDALÁ II Rey de Jordania

“Por primera vez me siento pesimista sobre la paz en la región”

JUAN MIGUEL MUÑOZ - Ammán - 18/10/2008

Cambio repentino en la agenda del rey de Jordania, Abdalá II. La entrevista se celebra el lunes, un día antes de lo previsto en uno de los edificios de palacio. “Perdón por la precipitación”, se excusa sonriente el monarca, que el 7 de febrero cumplirá, con 46 años, una década en el trono. Abdalá II -un líder del gusto de Occidente, que reina y gobierna, y cuyo país fue el segundo Estado árabe en establecer relaciones diplomáticas con Israel después de Egipto- viaja a América Latina y hace hoy escala en Madrid, donde pretende impulsar grandes proyectos de infraestructuras para el reino. Sabe que en el hervidero de Oriente Próximo se está cerca de desaprovechar otra ocasión para resolver su conflicto más enquistado: el árabe-israelí. Queda poco, hasta final de 2008, y las vicisitudes políticas y electorales en Israel, los territorios palestinos y EE UU, juegan en contra. El tiempo apremia.

Pregunta. ¿Cree que los líderes mundiales van a dejar de lado el turbulento Oriente Próximo tras el estallido de la crisis financiera global?

Respuesta. Los conflictos en nuestra región van a afectar a los mercados en todo el mundo. La inestabilidad política conduce a la inestabilidad económica. Creo que los líderes mundiales se darán cuenta de que la inestabilidad afectará a la producción de petróleo y a su transporte. Va a ser un problema.

P. Jordania se implica a fondo en el conflicto árabe-israelí, pero se topa con la profunda división entre los palestinos. ¿Conseguirán Al Fatah y Hamás reconciliarse?

R. Existe tal distancia entre ellos que, si no pactan unos principios básicos, no avanzarán. Aunque nos agradaría su reconciliación, me parece que en la fase actual no hay base para que eso suceda. La Liga Árabe está trabajando para resolver este asunto. Insisto, son muchos los retos.

P. En la Liga Árabe cunde la ira por la incapacidad de las facciones palestinas para pactar. Pero la Liga tampoco es un modelo de eficacia.

R. No es tanto como ira. Existe mucha frustración, pero no va a abandonar. Existe el consenso de que es necesario resolver esas diferencias, y se presiona para hallar un mecanismo que facilite el compromiso entre ambos partidos. Si no cambian sus posiciones será muy difícil.

P. Su Gobierno se ha reunido recientemente, por primera vez, con una delegación de Hamás. Los islamistas creen que ustedes han cambiado de actitud.

R. Nos reunimos con representantes de Hamás, pero es demasiado decir que delegaciones de Hamás vienen a Jordania. Si creen que hemos cambiado de posición es porque deseamos impulsar el proceso de paz árabe-israelí. Hasta final de año asistiremos a la formación de un Gobierno en Israel o a la convocatoria de elecciones, tenemos comicios en EE UU, y en Palestina. El éxito del proceso de paz depende de que exista un avance suficiente entre israelíes y palestinos cuando la próxima Administración de EE UU tome posesión. Si nos disparamos al pie y no nos movemos, no podremos avanzar. Si no logramos nada antes de fin de año, dada la incertidumbre en Israel y Palestina, no habrá futuro para el proceso de paz. Creo que eso nos asusta a todos.

P. Diplomáticos israelíes aseguran que están hartos de propuestas y mediaciones. Me han comentado sin tapujos que no desean más visitas de ministros de Exteriores. No parecen muy dispuestos a conseguir avances antes de fin de año.

R. Ésta es la cuestión. Por primera vez me siento un pesimista. Y sigo manteniendo que soy uno de los líderes más optimistas de Oriente Próximo. Israel tiene que decidir si quiere ser en el futuro una fortaleza o comprometerse con el mundo árabe y musulmán. Un tercio de Naciones Unidas no tiene relaciones con Israel. Ésta no es una relación sana con la comunidad internacional. Los israelíes no consideran el mañana. Creo que en lugar de pensar en el presente y en el temor que sienten, que hace brotar inmediatamente el asunto de la seguridad, deberían mirar al futuro.

P. La propuesta de la Liga Árabe de 2002 ofrece completa normalización de relaciones con Israel a cambio de la retirada de los territorios ocupados. ¿Puede Israel aceptarla?

R. Sí. No estamos diciendo: lo tomáis o lo dejáis. Se plantean ideas que deben ser acordadas entre las partes. Estamos diciendo que debe haber también un futuro para el pueblo palestino. La propuesta es extremadamente flexible para no aislar a los políticos israelíes, y que sean capaces de entablar relaciones con árabes y musulmanes. Yo no conozco ningún plan de paz israelí.

P. ¿Están preocupados en Jordania por el auge del islamismo en Egipto, Palestina o Líbano?

R. No, porque en Jordania estamos avanzando en el desarrollo económico y social, en la creación de empleo y en la lucha contra la pobreza. Necesitamos apoyo de Europa, porque cuanto más fuerte sea la clase media que construimos más estable será el país. El extremismo tiene éxito por la pobreza y la frustración. Pero en el aspecto político, si no resolvemos el problema capital de Oriente Próximo, el conflicto árabe-israelí, que es el que más pasiones despierta, los extremistas siempre tendrán una base para reclutar a jóvenes frustrados.

P. ¿Cómo afronta su país el reto de los cientos de miles de refugiados iraquíes?

R. Es un desafío para el sistema escolar y sanitario, por el empleo, el agua y el efecto sobre el precio de la tierra. Como para cualquier país que ve aumentar su población entre un 8% y un 10% repentinamente. Jordania ha demostrado ser fuerte. Hay que lograr que se estabilice Irak para que los iraquíes puedan regresar a su tierra. Mientras tanto, Jordania paga la factura. Aunque no queremos habituarnos a esta situación.

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Recortes de Prensa

“Daría mi cuello por que volviese la paz a Acre”

La policía israelí detiene al palestino que condujo en Yom Kipur, incidente que causó cinco días de disturbios.- Se le acusa de “herir sensibilidades religiosas”

AGENCIAS - Jerusalén - 14/10/2008

La policía israelí ha detenido al palestino que el pasado miércoles condujo su coche por un barrio de la ciudad de Acre, al norte de Israel, justo en el comienzo del día más sagrado del calendario judío, el Yom Kipur, día de ayuno total y oración silenciosa. El ruido que hizo con su coche provocó la ira de los judíos más radicales, que apedrearon su coche. Los rumores de que había muerto apedreado levantaron a su vez a los vecinos árabes de la ciudad. Resultado: cinco días de violentos incidentes entre las dos confesiones que ha puesto de manifiesto lo complicado de la convivencia entre israelíes y palestinos.

Tawfik Jamal ha sido acusado de “conducción imprudente” y de “herir sensibilidades religiosas”. ¿Su pecado? Conducir en Yom Kipur, el día más sagrado del judaísmo, en el que, durante 25 horas, no se puede comer ni beber ni realizar ningún trabajo y, sobre todo, no se puede hacer fuego. Es por eso que el día de Yom Kipur (día de expiación) Israel se llena de bicicletas: los motores de los coches y motos son de explosión, un tipo de fuego.

Justo cuando comenzó esta jornada sagrada, Jamal fue a recoger a su hija de casa de su prometido en un barrio de Acre. Y fue en coche. Su osadía despertó las iras de los judíos más radicales de la ciudad, quienes, a su vez, encendieron los ánimos de sus vecinos palestinos, prendiendo la mecha para cinco días de violencia.

El caso ha ido tan lejos que incluso Jamal ha tenido que comparecer -lo hizo el domingo- ante el comité de Interior de la Knesset, el Parlamento israelí. Asegura que no tenía intención de provocar ningún incidente. Si yo soy el que ha causado esto [los disturbios] estoy dispuesto a sacrificar mi cuello aquí mismo, en esta mesa, en la horca, para devolver la paz y la tranquilidad a la ciudad de Acre, para devolver la convivencia a su lugar”. Destacó que él mismo fue fundador de una asociación que lucha por la convivencia pacífica entre israelíes y palestinos en Acre. “Han intentado hacere parecer un asesino, me han convertido en un fascista”.

El detenido ha negado las acusaciones de que conducía borracho o de que llevaba la música muy alta en el coche cuando entró en el barrio judío de Acre. “Sólo quería irme a casa, cometí un error e intenté pedir perdón. Ha sido una experiencia terrible”. Sus declaraciones en la comisión parlamentaria desataron el enfrenamiento entre diputados ultraderechistas y árabes, que culpaban a sus respectivas comunidades de haber encendido los disturbios.

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Recortes de Prensa

Miles de cristianos huyen de los ataques islamistas en Irak

Los radicales exigen su conversión o el pago de un impuesto por protección

AGENCIAS - Mosul / Bagdad - 14/10/2008

Cerca de 3.750 cristianos iraquíes se han visto obligados a huir de sus casas en Mosul, la tercera ciudad del país, situada a 400 kilómetros al norte de Bagdad, desde el 4 de octubre, cuando grupos radicales suníes incrementaron sus ataques contra esta minoría religiosa, según un responsable local.

“Hemos registrado que 744 familias cristianas han abandonado Mosul. La mayoría se aloja en iglesias y monasterios de las ciudades más próximas o en aldeas donde hay más cristianos. (…) El número de desplazados se incrementa dramáticamente cada hora”, afirma el director provincial del Ministerio de Desplazamiento y Migraciones, Jawdat Ismaiel, que anuncia el levantamiento de campamentos de desplazados si fuera necesario.

No hay una estimación exacta de la población cristiana en Irak, aunque se tiene constancia de que cientos de miles de cristianos han huido del país desde la invasión liderada por EE UU en 2003 al temer los ataques de los extremistas religiosos suníes y chiíes, informa la agencia de noticias humanitarias de la ONU (IRIN). En la época de Sadam Husein, representaban cerca del 3% de los 28 millones de habitantes, según el censo oficial.

La presión sobre ellos es enorme en Mosul. Sufren constantes amenazas de muerte y extorsiones. Es frecuente que se les exija la conversión al islam o el pago de la yizyia, un antiguo impuesto que debían entregar a los musulmanes a cambio de protección.

Desde que se reanudaran los ataques contra cristianos el 4 de octubre han muerto 13 personas. El último fue un comerciante asesinado ayer, cuando hombres con el rostro cubierto irrumpieron en un establecimiento de instrumentos musicales y abrieron fuego contra la víctima y su sobrino, quien resultó gravemente herido.

Según la policía, siete de los muertos fueron secuestrados primero. Sus cuerpos aparecieron después con signos visibles de haber sido torturados y ejecutados. Fuentes cristianas acusan a los cuerpos de seguridad de estar detrás de esta campaña. El portavoz del Gobierno iraquí, Alí al Dabag, anunció que el Consejo de Seguridad Nacional ha decidido crear un comité especial para investigar las intimidaciones que sufren los cristianos en Mosul y que ha ordenado el despliegue de otros 1.000 policías más.

Por otra parte, el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, ha realizado unas declaraciones, publicadas ayer por The Times londinense, de las que se desprende un enfado con las decisiones del Gobierno británico. Asegura que las tropas británicas situadas en Basora deben marcharse porque no son necesarias: “Les agradecemos su labor, pero creo que su permanencia no es necesaria para mantener la seguridad y el control”.

Maliki había calificado de prematura la decisión el año pasado de Reino Unido de trasladar sus fuerzas desde su base en el palacio de Basora al aeropuerto a las afueras de la ciudad. Según él, se trató de un acuerdo secreto entre Reino Unido y la milicia chií del Ejército del Mahdi, del clérigo radical Múqtada al Sáder.

En el proceso de normalización de relaciones con Irak, Siria ha enviado su primer embajador a Bagdad en varias décadas, según anunció ayer el Gobierno iraquí. Se trata del último paso dado por un país árabe para fortalecer los lazos diplomáticos con el régimen de Maliki.

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Antaño, nosotros los españoles,  obligábamos a los judios y musulmanes a abrazar la fe en Cristo. En las Americas hicimos tres cuartos de lo mismo con los indigenas. No debemos culpar, ahora, a la mayoría del mundo islámico por la sinrazón de unos cuantos radicales. Y, también, sería interesante conocer los motivos exactos de la persecución de estos cristianos iraquies……. ¿los verán como a los yanquis? 

Recortes de Prensa

Palin, culpable de abuso de poder en Alaska

Una investigación oficial concluye que la candidata republicana a la vicepresidencia de EE UU utilizó su cargo de gobernadora para intentar despedir a su ex cuñado

AGENCIAS / ELPAÍS.com - Washington - 11/10/2008

Los legisladores de Alaska han determinado que la candidata republicana a la vicepresidencia de Estados Unidos, Sarah Palin, abusó de su poder como gobernadora de ese Estado cuando intentó el despido de su ex cuñado, el agente de policía Mike Wooten, después de que éste se divorciara de la hermana de la gobernadora tras un disputado proceso judicial.

La investigación oficial abierta esta semana para aclarar el asunto ha concluido que el comisario de Seguridad Pública del Estado, Walt Monegan, fue destituido el 11 de julio no por cargos de insubordinación y boicoteo de las reformas fiscales de la gobernadora, como se alegó en el expediente, sino por negarse a despedir o relegar a Wooten como le había ordenado Palin.

La venganza personal de Palin, implicada también en casos de nepotismo, complica aún más la candidatura republicana encabezada por el senador John McCain, que pierde en todas las encuestas. El equipo republicano ha negado la acusación y ha declarado que Palin siempre actuó dentro del margen “adecuado y legítimo” de su autoridad. Además, ha reiterado que el caso ha sido impulsado por partidarios de Obama, y que el consejo legislativo encargado de la investigación se ha extralimitado en sus funciones.

Sarah Palin se hizo cargo del gobierno de Alaska en diciembre del año 2006, y un mes después comenzó el denunciado acoso. El esposo de la gobernadora, Todd Palin, se reunió con el comisario de Seguridad Pública para manifestarle que tanto él como su esposa consideraban que la investigación sobre el perfil profesional y personal de Wooten estaba mal hecha, informa J. J. Aznárez.

El comisario argumentó que con las pruebas disponibles no podía actuar disciplinariamente contra su subordinado. Se presentaron nuevos cargos contra el ex cuñado pero nuevamente fueron rechazados por falsos o inconsistentes. El 11 de julio del año en curso, la gobernadora comunicó a Walt Monegan su destitución.

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Joder con la Palin, si sale de Vicepresidenta… lo primero… echará a Obama, por negro, por ser amigo de terroristas, por llamarse Hussein y, lo peor de todo, pretender ser presidente de los Estados Unidos……. Le dará papeleta de vuelta….. igual descubre que es un ilegal…. o que tiene vinculos con Al-Qaeda.

Pero tranquilos, no caerá esa breva…. La Palin será, eso deseo, desbravada.

 

TRIBUNA: SLAVOJ ZIZEK

Unas gafas para leer entre líneas a McCain

Para captar el mensaje republicano en las elecciones de Estados Unidos hay que tener en cuenta lo que se dice y lo que no se dice, pero está implícito. De su lectura de la crisis actual podría surgir un gran peligro

SLAVOJ ZIZEK 02/10/2008

Cuando el héroe de la película de John Carpenter Están vivos, una de las obras maestras olvidadas de la izquierda de Hollywood, se coloca un par de extrañas gafas que ha encontrado en una iglesia abandonada, se da cuenta de que un cartel publicitario lleno de color que nos invitaba a descansar en una playa de Hawai no muestra ahora más que unas letras grises sobre fondo blanco que forman la frase “Casaos y reproducíos”; y un anuncio de un nuevo televisor en color dice “¡No penséis, consumid!”. En otras palabras, las gafas funcionan como un aparato para hacer crítica de la ideología, le permiten ver el verdadero mensaje por debajo de la llamativa superficie. ¿Qué veríamos si observáramos la campaña presidencial republicana con unas gafas así?

Otras generaciones anteriores de mujeres dedicadas a la política (Golda Meir, Indira Gandhi, Margaret Thatcher, incluso hasta cierto punto Hillary Clinton) eran lo que suele llamarse mujeres “fálicas”: actuaban como “damas de hierro” que imitaban y trataban de superar la autoridad masculina, ser “más hombres que los propios hombres”. En un comentario reciente en Le Point, Jacques-Alain Miller destacaba que Sarah Palin, por el contrario, exhibe con orgullo su lado femenino y su maternidad. Ejerce un efecto “castrador” en sus oponentes masculinos, no porque sea más viril que ellos, sino porque emplea el arma femenina por excelencia, la degradación sarcástica de la autoridad masculina; sabe que la autoridad “fálica” del varón no es más que una pose, una apariencia que hay que explotar y ridiculizar. Recuerden cómo se burló de Obama llamándole “voluntario social”, aprovechándose de que el aspecto físico del candidato presidencial demócrata tiene algo de estéril, con su piel negra pálida, sus rasgos delgados y sus grandes orejas.

Nos encontramos aquí con una feminidad “post-feminista” sin complejos, que reúne las características de madre, profesora recatada (con gafas y moño), personaje público e, implícitamente, objeto sexual, que muestra orgullosa a su marido como juguete fálico. El mensaje es que a ella no le falta de nada; y, para colmo, es una mujer republicana la que hace realidad un sueño de la izquierda progresista. Es como decir que ella es lo que las feministas de izquierdas quierenser. No es extraño que el efecto Palin sea de falsa liberación: ¡Más, cariño, más! ¡Podemos hacer combinaciones imposibles, el feminismo y los valores familiares, las grandes empresas y los trabajadores!

Así que, volviendo a Están vivos, para captar el verdadero mensaje republicano hay que tener en cuenta lo que se dice y lo que no se dice, pero está implícito. Si el mensaje que vemos es el lema simplista de la frustración populista por la paralización y la corrupción de Washington, las gafas nos mostrarían algo parecido a una aprobación de la negativa de la gente a comprender: “Os permitimos que no comprendáis; divertíos, desahogad vuestra frustración, nosotros nos encargaremos de todo; en realidad, es mejor que no sepáis estas cosas (recuerden las insinuaciones de Dick Cheney sobre el lado oscuro del poder), ya tenemos suficientes expertos entre bastidores que pueden arreglar las cosas…”. La pregunta, por tanto, es: ¿quién es el Karl Rove de McCain?

Y, cuando el mensaje que vemos es la promesa republicana de cambio, las gafas enseñarían algo así como “No os preocupéis, no habrá ningún cambio de verdad, sólo queremos cambiar algunos detalles para que nada cambie verdaderamente”. La retórica del cambio, de agitar las aguas estancadas de Washington, es un elemento permanente de los eslóganes republicanos; recuerden la explosión populista anti-Washington de Newt Gingrich -”¡Estoy furioso!”- de hace dos décadas. De modo que no debemos ser ingenuos: los votantes republicanos saben que no habrá auténtico cambio, saben que la sustancia seguirá siendo la misma y lo que cambiará será el estilo; es parte del juego.

¿Pero qué pasa si, por el contrario, el mensaje republicano entre líneas (no tengáis miedo, no va a haber auténtico cambio…) es la verdadera ilusión, y no la verdad secreta? ¿Y si, en realidad, hay un cambio? O, para parafrasear a los hermanos Marx: McCain y Palin dan la impresión de querer un cambio y hablan como si quisieran un cambio, pero ¿y si eso no debe engañarnos, y si verdaderamente consiguen el cambio? Tal vez ése es el auténtico peligro, porque será un cambio en la dirección de “¡Nuestro país ante todo!” o “¡Más, cariño, más!”.

Por suerte, no hay mal que por bien no venga, y ha ocurrido lo que hacía falta para recordarnos dónde vivimos: en la realidad del capitalismo globalizado. El Estado norteamericano ya está cocinando medidas de urgencia para gastar cientos de miles de millones de dólares -hasta un billón- en reparar las consecuencias de la crisis financiera causada por las especulaciones del mercado libre. La lección está clara: el mercado y el Estado no se oponen, y son necesarias fuertes intervenciones del Estado para hacer que el mercado siga siendo practicable.

La reacción predominante entre los republicanos a la crisis financiera es un intento desesperado de reducirla a una desgracia menor que puede remediarse con una buena dosis de la vieja medicina republicana (el debido respeto a los mecanismos de mercado, etcétera). En otras palabras, su mensaje oculto es: te permitimos que sigas soñando. Sin embargo, toda la postura política de rebajar el gasto del Estado se vuelve irrelevante después de este brusco contacto con la realidad: ahora, hasta los más firmes defensores de disminuir el papel excesivo de Washington aceptan la necesidad de una intervención del Gobierno que resulta sublime por lo casi inimaginable de su importe. Ante esta magnificencia, toda la bravuconería ha quedado reducida a un murmullo confuso: ¿dónde están ahora la determinación de McCain y el sarcasmo de Palin?

Ahora bien, ¿ha sido verdaderamente la crisis financiera un momento aleccionador, el despertar de un sueño? Todo depende de cómo se simbolice, de qué interpretación ideológica o qué versión se imponga y determine la percepción general de la crisis. Cuando el curso normal de los acontecimientos sufre una interrupción traumática, se abre la puerta a una rivalidad ideológica discursiva; por ejemplo, en Alemania, a finales de los años veinte, Hitler ganó la disputa por la narración que iba a explicar a los alemanes las razones de la crisis de la República de Weimar y la forma de salir de ella (su argumento era la trama judía); en Francia, en 1940, fue la versión del mariscal Pétain la que dominó la explicación de los motivos de la derrota. Por consiguiente, para decirlo en viejos términos marxistas, la principal tarea de la ideología dominante en la crisis actual es imponer una versión que no responsabilice del colapso al sistema capitalista globalizado como tal, sino a sus distorsiones secundarias accidentales (normas legales demasiado relajadas, corrupción de las grandes instituciones financieras, etcétera).

Contra esta tendencia, hay que insistir en la pregunta fundamental: ¿qué defecto del sistema como tal permite la posibilidad de que se produzcan esas crisis y esos colapsos? Lo primero que hay que tener en cuenta es que el origen de la crisis es benévolo: después de que la burbuja digital estallara en los primeros años del milenio, todos los sectores tomaron la decisión de facilitar las inversiones inmobiliarias para mantener la economía en marcha y prevenir una recesión; la crisis de hoy es el precio que se paga por el hecho de que Estados Unidos evitara una recesión hace cinco años.

El peligro, por tanto, es que la narración predominante sobre la crisis sea una que, en vez de despertarnos de un sueño, nos permita seguir soñando. Entonces es cuando deberíamos preocuparnos; no sólo sobre las consecuencias económicas de la crisis, sino sobre la clara tentación de que, para que la economía siga funcionando, se le dé un nuevo ímpetu a la “guerra contra el terrorismo” y al intervencionismo internacional de Estados Unidos.

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Recortes de Prensa

 

Pakistán acusa a EE UU de la muerte de cinco personas por el disparo de dos misiles

Los proyectiles han caído en el noroeste del país, en una región donde se ocultan numerosos talibanes.- El incidente refleja las tensiones entre Washington e Islamabad

AGENCIAS - Islamabad - 30/09/2008
Cinco personas han muerto en la madrugada del lunes al martes por el disparo de dos misiles supuestamente lanzados desde un avión estadounidense no tripulado en las zonas tribales del noroeste de Pakistán, según han informado fuerzas de seguridad del país. Los proyectiles ha caído sobre una casa ubicada en las cercanías de la localidad de Mir Ali, en Waziristán Norte, en una región considerada bastión de Al Qaeda, que sirve de refugio a numerosos talibanes. El incidente refleja la creciente tensión entre Islamabad y Washington, dos teóricos aliados cuyas relaciones se han deteriorado en las últimas semanas por la incapacidad de Islamabad para acabar con el santuario que sus áreas tribales ofrecen a Al Qaeda y sus simpatizantes talibanes. Estados Unidos acusa Islamabad de permitir el reagrupamiento de los talibanes afganos y de Al Qaeda que los bombardeos estadounidenses expulsaron de Afganistán en 2001, por lo que ha autorizado a sus tropas a que conduzcan operaciones dentro de Pakistán sin el permiso de las autoridades locales. Durante el mes de septiembre, las fuerzas estadounidenses han llevado a cabo siete bombardeos con aviones de combate no tripulados y una incursión terrestre en Pakistán durante el mes de septiembre. Como respuesta, el recién elegido presidente Asif Alí Zardari ha advertido que no tolerará ninguna intromisión en su soberanía territorial y ha dado la orden de contrarrestar cualquier ataque de tropas de EE UU que crucen ilegalmente la frontera desde Afganistán, algo que ya se ha ejecutado al menos en tres ocasiones desde que, el pasado 3 de septiembre, en un ataque contra supuestos rebeldes talibanes refugiados en la provincia de Waziristán del Sur, un comando estadounidense matara a 20 personas, todas ellas civiles, según Islamabad.

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P.D.: Moraleja: Nunca debemos dejar que la zorra nos guarde el corral. Y mucho menos, lo administre.

Recortes de Prensa

 

Durmiendo con el enemigo

SAL EMERGUI desde Jerusalén

29 de septiembre de 2008.- Israel se mira al espejo con temor. Sus cristales siguen temblando tras la bomba casera contra el intelectual israelí Zeev Sternhell, colocada aparentemente por ultraderechistas. Pequeña explosión pero peligrosa onda expansiva en la sociedad israelí.

Es una acción de extremistas, odio, violencia y desprecio a la ley. Debemos atajarlo inmediatamente ya que amenaza nuestra democracia”, declara el aun primer ministro, Ehud Olmert, mientras los servicios secretos internos alertan ante la creación de una célula terrorista local. Un oficial de la policía israelí advierte: “Si no actuamos de forma contundente contra grupos extremistas de la derecha y contra los más radicales entre los colonos, puede haber un magnicidio como en 1995″.

La izquierda israelí exige detenciones y no sólo palabras de cara a la galería. La derecha condena. Los palestinos denuncian que hace tiempo son víctimas de sus acciones. El líder del Consejo de Colonos, Dani Dayan, asegura: “La mayoría de habitantes de Judea y Samaria (Cisjordania) somos personas que respetamos las leyes. Condenamos el ataque contra Sternhell pero hay un intento de criminalizar a todos nosotros. Le recuerdo que el que mató al primer ministro Isaac Rabin en el 95 no era un habitante de un asentamiento sino que vivía en el centro del país”.

El desmantelamiento de asentamientos en la separación de la Franja de Gaza (2005) desconectó un grupo de colonos, mayoritariamente muy joven, de Israel, sus leyes y su democracia. Consideran ‘impotentes’ y ‘blandos’ a sus propios líderes en el Consejo de Colonos, amenazan con “una guerra civil” si hay otra evacuación de asentamientos y escupen toda su rabia y fanatismo. Se consideran los dueños de las colinas de Cisjordania.

Para ellos, Sternhell -que fue herido levemente- es “un traidor” por sus críticas contra los colonos y la ocupación en Cisjordania. Sobre todo tras un artículo escrito el 11 de mayo del 2001 en el diario ‘Haaretz’ en el que tras varios atentados palestinos en las calles israelíes, Sternhell opinó: “Si los palestinos tuvieran un poco de lucidez, centrarían su lucha contra los colonos y no contra mujeres y niños“. El odio aumentó incluso hace medio año cuando recibió el Premio Israel de Ciencias Políticas.

De 73 años, este profesor es una autoridad mundial en los estudios sobre el fascismo. Unos conocimientos que aprendió a base de sangre ya que cuando tenía cinco años, su padre fue asesinado por los nazis en Polonia. Dos años después, su madre y hermana. Superviviente del Holocausto, es según su colega Ari Shavit, “un patriota israelí que sirvió en el Ejército israelí y que lucha contra la ocupación israelí”.

En un informe elaborado a finales del 2007, los servicios secretos internos (Shabak) advertían de un aumento de la violencia de extrema derecha israelí contra palestinos y los israelíes de izquierda. En el primer semestre del 2008, los colonos más radicales protagonizaron 429 ataques contra palestinos, muchos de ellos campesinos.

Los palestinos son su objetivo natural pero los policías y soldados israelíes tampoco se libran de vez en cuando. “Queremos que crean y sepan que estamos locos y que no les conviene meterse con nosotros”, decía un joven extremista al diario ‘Maariv’ que recoge también la opinión de un soldado reservista que debe protegerle en un asentamiento judío: “Dejamos la familia y el trabajo para ir al Ejército y defenderles ante posibles infiltraciones terroristas. Y ellos nos escupen, nos llaman nazis y a veces nos agreden”.

Otro soldado en conversación con elmundo.es confiesa: “Si los agresores fueran palestinos, estarían en la cárcel. Pero si los que se manifiestan violentamente son exaltados colonos de 16 ó 17 años, se hace la vista gorda”.

Eitan Haber era el hombre de confianza de Rabin. Fue el que tuvo que anunciar al mundo su muerte en un hospital de Tel Aviv tras recibir tres balazos del extremista Ygal Amir. Conocedor de la realidad como pocos, llega a la siguiente conclusión: “Desde 1967, no ha habido ningún primer ministro o ministro de Defensa que se ha atrevido a enfrentarse con los violadores de la ley en Judea, Samaria y Gaza. Al contrario, todos los Gobiernos, sean laboristas o del Likud, han mirado a otro lado ante esa violencia”.

Otro de los que está en el punto de mira es el periodista Guideon Levy, que presume de ser “izquierdista”. “La derecha radical es peligrosa. Mientras la izquierda piensa, la extrema derecha mata”, opina. No sólo se refiere al asesinato de Rabin sino también a la muerte en 1983 de Emil Greensweig, un manifestante del movimiento israelí ‘Paz Ahora’, víctima de una granada lanzada por un compatriota, Yona Abrashmi, condenado a cadena perpetua. 25 años después, el secretario general de este movimiento, Yariv Oppenheimer, es amenazado de muerte. También por compatriotas.

Recortes de prensa

 

CIA. Historia de un fracaso

GUILLERMO ALTARES 28/09/2008

Desde los años de la guerra fría hasta el 11-S e Irak, sus errores han sido antológicos. La Agencia Central de Inteligencia, los servicios de espionaje estadounidenses, han fallado en su principal objetivo: defender a su país. Periodistas, antiguos agentes de la Compañía y novelistas describen una organización que nunca fue tan poderosa.

El mejor amigo de James J. Angleton, el responsable de las operaciones encubiertas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, el tipo encargado de detectar a los agentes dobles, fue durante décadas Kim Philby, espía soviético y el topo más famoso de todos los tiempos. El 20 de septiembre de 1949, la CIA, con unos despachos que todavía olían a nuevo, informaba a Truman de que la URSS tardaría al menos cuatro años en hacerse con armamento nuclear. Tres días más tarde, el presidente anunciaba al mundo que Stalin tenía la bomba. El 30 de octubre de 1950, la CIA transmitía a la Casa Blanca que era “inverosímil” que China entrase en la guerra de Corea. Dos días más tarde, 300.000 soldados chinos cruzaron la frontera y casi echan a los estadounidenses al mar. En noviembre de 1956, el entonces director de la CIA, Allen Dulles, informaba al presidente Eisenhower de que “el 80% del ejército húngaro se había pasado a los rebeldes” que encabezaban la primera revuelta contra el poder soviético en Europa oriental. Los tanques de la URSS demostraron en pocos días hasta qué punto estaba equivocado: 2.500 húngaros murieron en la represión, 200.000 abandonaron el país, y se instaló en Budapest una dictadura de corte estalinista. Bahía Cochinos y todos los intentos para acabar con Fidel Castro, la invasión soviética de Checoslovaquia, la revolución iraní de Jomeini o el auge del terrorismo islámico tras la guerra de Afganistán, la caída del muro y la desaparición de la URSS; por no hablar del mayor fallo de todos, el 11-S, ni de las inexistentes armas de destrucción masiva de Sadam Husein…

Esa interminable serie de fracasos es lo que el premio Pulitzer Tim Weiner llama Legado de cenizas, el título de su historia del espionaje estadounidense, que la editorial Debate publica la próxima semana en castellano y que la prensa internacional ha saludado como el mejor libro sobre la Compañía. “La mala información destruye naciones”, explica Weimer, reportero experto en espionaje de The New York Times, en conversación telefónica desde su casa de Manhattan. “¿Por qué los troyanos aceptaron el caballo de los griegos? Por falta de información. La buena inteligencia salva vidas, la mala inteligencia mata a la gente. ¿Qué hacemos en Irak? Llevamos más tiempo en ese conflicto que lo que estuvimos en la II Guerra Mundial. ¿Usted cree que si la CIA hubiese dicho: ‘Sadam no tiene armas de destrucción masiva, las eliminó en los noventa’, Estados Unidos hubiese ido a la guerra? Lo dudo”. Y este veterano periodista, que lleva años informando desde frentes de la guerra contra el terrorismo como Afganistán o Pakistán, prosigue: “El espionaje es amoral y no se puede juzgar desde criterios morales. Es la segunda profesión más antigua del mundo. Todo el mundo espía a todo el mundo, enemigos, amigos, aliados… Es lo que hacen todos los Gobiernos, y es ingenuo escandalizarse porque es algo que necesitamos. Sin una buena inteligencia no existe la defensa ni la política exterior”.

Como señalaba The Economist, “muchos libros se han empeñado en mostrar lo mal que se comporta la Agencia Central de Inteligencia. En este apasionante y persuasivo ensayo, Tim Weiner demuestra lo mal que hace su trabajo”. A lo largo de años, este veterano periodista, que recibió el Premio Pulitzer en 1988 cuando escribía para The Philadelphia Inquirer y que desde hace dos décadas es el corresponsal para asuntos de seguridad nacional deThe New York Times, ha recopilado una cantidad insólita de información iné dita a través de documentos desclasificados o de entrevistas con cientos de agentes de la organización. El resultado es apabullante y también desolador. No sólo por las acciones encubiertas en los cinco continentes, que han costado la vida a miles de personas, sino porque, según este autor, la agencia no ha llegado a cumplir su principal objetivo: defender a EE UU. La frase con la que empieza su libro lo dice todo: “En el presente volumen se describe cómo el país más poderoso en toda la historia de la civilización occidental ha sido incapaz de crear un servicio de espionaje de primera línea, un fracaso que actualmente representa un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos”.

El título del libro de Weiner, que recibió el National Book Award en EE UU, recoge una frase de Eisenhower, que le espetó a Dulles al final de su mandato: “La estructura de nuestros servicios de información no funciona. Nada ha cambiado desde Pearl Harbour. He sufrido una derrota de ocho años en esto. Dejaré un legado de cenizas a mi sucesor”.

Sin embargo, sin este “legado de cenizas” no se puede entender el siglo XX; seguramente, tampoco el siglo XXI. La Compañía también ha dejado una profunda huella cultural, y no sólo con los grandes clásicos del espionaje, como John Le Carré o Graham Greene, sino a través de muchísimos autores, desde El inocente, de Ian McEwan, que transcurre en el Berlín de la guerra fría con otro de los fracasos de la CIA como telón de fondo (un gigantesco túnel excavado bajo el este para tratar de interceptar las comunicaciones soviéticas), hasta la monumental El fantasma de Harlot (Anagrama), una saga sobre la agencia de la que Norman Mailer sólo escribió el primer tomo y en la que el genial narrador concentró todo su conocimiento del siglo XX. Películas como Los tres días del Cóndor; las de la serie Bourne, sobre un asesino de la agencia cazado por sus antiguos jefes y a su vez convertido en cazador; El buen pastor, el filme dirigido por Robert de Niro en el que retrata los primeros años de la Compañía, o el último título de los hermanos Coen, Quemar después de leer, una comedia sobre las memorias de un agente, también han mantenido vivo el mito del espionaje.

La otra gran novela sobre la CIA, La Compañía, de Robert Littell, que supera los 1.000 folios, está a punto de publicarse en castellano después de un lustro de espera: saldrá a principios de 2009 editada por Alea. Robert Littell es uno de los más inteligentes autores de novelas de espionaje del panorama anglosajón. Sobre Legends, su último relato de espionaje, escribió John Updike en The New Yorker que reflejaba con maestría el mundo ruso postsoviético. “La CIA hizo algunas cosas bien y algunas realmente mal: nunca fue capaz de prever la bomba nuclear india, la caída de la URSS o que un grupo de terroristas iba a secuestrar aviones y estrellarlos contra las Torres Gemelas y el Pentágono”, explica Robert Littell en una entrevista por correo electrónico. “Tras la caída de la URSS, la CIA perdió su principal enemigo y, en cierta medida, su razón de ser. La moral se hundió y se cerraron estaciones en todo el mundo. El número de expertos dentro de la CIA en terrorismo islámico y el número de lingüistas capaces de leer el Corán en árabe podía contarse con los dedos de una mano antes del 11-S”.

“Sí, ha sido un gran fracaso”, corrobora Robert Baer, ex miembro de la CIA, veterano de mil batallas, experto en Oriente Próximo y el agente en el que se inspira el personaje de George Clooney en Syriana, la película de Stephen Gaghan que también se sumerge en la fontanería de la agencia, concretamente en sus operaciones en Oriente Próximo. “Basta con mirar la información que se utilizó para justificar la invasión de Irak: nunca debió convertirse en un informe, era un panfleto para que la Casa Blanca pudiese vender su guerra”, prosigue Baer. Su volumen de memorias, Soldado de la CIA (Crítica), es un gran libro de aventuras, quizá demasiado acrítico con los agentes de la Compañía; pero también representa un apasionante reflejo del mundo del espionaje en los años anteriores al 11-S.

Entre las muchas historias que cuenta Baer está que, tras la guerra de los Seis Días, a un analista de la CIA se le ocurrió capturar un avión soviético, llenarlo de cerdos y soltarlos en La Meca, la ciudad más sagrada del Islam, para arruinar las relaciones de la URSS con el mundo árabe. En su novela, que mezcla la realidad y la ficción, Robert Littell también recupera otra historia de la guerra fría que no tiene desperdicio: a alguien en la Compañía se le ocurrió la feliz idea de bombardear varias ciudades soviéticas con preservativos descomunales, pero en los que pusiese la letra M (de tamaño medio) para deprimir a las amantes esposas comunistas con las comparaciones. Afortunadamente no cuajaron. Pero la guerra fría era así: un combate silencioso y peligrosísimo en todos los frentes, incluso en el del surrealismo.

Preguntado sobre cómo es posible que, con unos servicios de información tan desastrosos, EE UU pudiese ganar la guerra fría, Weiner responde: “Los soviéticos la perdieron. El sistema soviético era terrible desde el punto de vista social y económico. El Estado soviético se suicidó”.

La CIA fue creada por el presidente Harry S. Truman en 1947, como heredera de los servicios de inteligencia que EE UU puso en marcha durante la II Guerra Mundial, la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS en sus siglas en inglés). El principal objetivo era prevenir otro Pearl Harbour: evitar un ataque sorpresa como el que, el 7 de diciembre de 1941, permitió a Japón destruir una parte importante de la flota estadounidense en el Pacífico. Aunque, como rápidamente apunta Weiner, “el 11-S fue un segundo Pearl Harbour; esperemos que no haya un tercero”. Sin embargo, desde el momento mismo de su creación, otros vieron algo más que una red para conseguir buena información sobre enemigos y amigos. Uno de los congresistas que votaron el acta inaugural de la CIA, el futuro presidente Richard Nixon, que tuvo que dimitir por su afición a escuchar a los demás, afirmó entusiasmado ante la nueva criatura del Leviatán: “Es legal, es secreto”. Un documento del Consejo de Seguridad Nacional desclasificado en 2003 revelaba los principales objetivos de la CIA: “Pagar sobornos; abrir frentes anticomunistas; subvencionar movimientos guerrilleros, ejércitos clandestinos, sabotajes, asesinatos…”.

Las operaciones secretas fueron innumerables: unas veces, los presidentes de Estados Unidos estuvieron al tanto; en otras ocasiones, los grandes jerifaltes de la CIA ocultaron información esencial y sólo mostraron una pequeña parte del cuadro global a sus superiores. Algunas han sido reflejadas en decenas de libros y películas, como la de bahía Cochinos, o el golpe de Estado que llevó al poder a Pinochet en Chile, o el que permitió recuperar el trono a Mohammad Reza Pahlevi, el último sha de Persia; otras, en cambio, han logrado permanecer fuera de los radares de la memoria colectiva durante décadas, como los bombardeos contra Indonesia en 1958 para apoyar una guerrilla contra Sukarno. El resultado fue un completo desastre, tanto por el coste en vidas como porque no consiguieron su principal objetivo, ni siquiera lo rozaron. Aunque no todos estaban de acuerdo. Al Pope, uno de los agentes que participaron en la operación, y que se salvó de milagro de ser ejecutado tras haber sido capturado por el ejército indonesio, afirmó: “Dijeron que Indonesia fue un fracaso. Pero les dimos bien de hostias. Matamos a cientos de comunistas, aunque seguramente la mitad de ellos ni siquiera sabían lo que significaba el comunismo”.

“Las operaciones encubiertas de la CIA -tratar de cambiar el mundo en secreto- han solapado su misión más importante: tratar de conocer el mundo y sus secretos”, explica Tim Weiner. “La agencia nunca fue la fuerza omnipresente que muchos imaginaron que era. Nunca tuvo una edad de oro, y su historia está llena de pequeños éxitos y fracasos de largo alcance. Es verdad que sus éxitos fueron importantes: por ejemplo, tratar de convencer a los presidentes Johnson y Nixon de que la guerra de Vietnam era un conflicto político que no se podía ganar por medios militares. Los triunfos de la agencia han salvado algunas vidas americanas, pero sus fracasos se han demostrado fatales. Primero, para los cientos de agentes de la CIA, para los miles de soldados y espías extranjeros, en cierta medida para las 3.000 personas que murieron el 11-S y para los cerca de 5.000 militares que han muerto en Irak y Afganistán. El crimen de consecuencias más duraderas ha sido la incapacidad de la CIA para llevar a cabo su misión más importante: informar al presidente de lo que ocurre en el mundo”.

Una de las operaciones encubiertas más famosas fue la de bahía Cochinos, la frustrada invasión de Cuba, uno de los momentos cumbres de la guerra fría. La historia es conocida: el 12 de abril de 1961 unos 1.200 cubanos y estadounidenses, entrenados por la CIA, desembarcaron en una bahía pantanosa para acabar con la revolución castrista. En apenas tres días fueron borrados del mapa. No hubo supervivientes. El presidente en aquellos momentos era uno de los grandes mitos de la política mundial, y su papel en la invasión es todavía controvertido. ¿Qué sabía John Fitzgerald Kennedy (JFK) de lo que se preparaba? ¿Hasta qué punto estaba informado de que era imposible que el puñado de tipos mal entrenados por la CIA acabase con Castro? La imagen de Camelot -el nombre con el que se conocía a la Administración de Kennedy por su aura casi mágica- que aparece tanto en el libro de Weiner como en el de Littell está muy lejos del mito de la Casa Blanca que cambió para siempre un país y el mundo. Ambos describen una cara oculta; una enorme obsesión de los hermanos por el secretismo, el control del espionaje y las operaciones encubiertas. Quizá si JFK no hubiese sido asesinado en Dallas el 22 de noviembre de 1963 y Robert F. Kennedy en Los Ángeles el 6 de junio de 1968, el rostro menos amable de los hermanos sería mucho más conocido.

“Fue un terrible error de cálculo, en el que JFK tuvo una gran responsabilidad”, explica Robert Littell sobre la Operación Bahía Cochinos. “El plan de invadir Cuba con un grupo guerrillero apoyado por Estados Unidos fue trazado por el general Eisenhower y fue heredado por Kennedy. Cuando se lo contaron por primera vez no tenía ni la experiencia ni la seguridad en sí mismo para anular una invasión ideada por el gran héroe de la II Guerra Mundial. Defendió que el plan original era demasiado ruidoso y lo cambió por un ataque en una zona pantanosa llamada bahía Cochinos. Pero, incluso sobre el papel, la idea de que un grupo de guerrilleros podía invadir Cuba y derrotar al ejército de Castro era totalmente absurda”, prosigue Littell.

Tim Weiner es todavía más duro: “Los Kennedy pensaban que la política exterior funcionaba como los enfrentamientos a puñetazos en las habitaciones inundadas de humo del Partido Demócrata: retorciendo brazos, haciendo pactos y tomando decisiones a sangre fría. Utilizaron la CIA como una especie de policía. Y los resultados no fueron buenos”. En Legado de cenizas, basándose en documentos desclasificados, Weiner revela que “mucho antes de que Nixon crease su unidad de fontaneros con veteranos de la CIA, Kennedy utilizó la agencia para espiar a los estadounidenses”. La afición de los Kennedy hacia las operaciones encubiertas se tradujo en cifras: Eisenhower ordenó 170 en ocho años de mandato, los Kennedy ordenaron 163 en apenas tres.

¿Y el presente? Tras el 11-S, dentro de la guerra contra el terrorismo de la Administración de Bush, la CIA recuperó su licencia para matar o, en palabras de un veterano de la organización, “se quitó los guantes”. Eso se ha convertido en los vuelos secretos, en la tortura de sospechosos, en los secuestros de ciudadanos en terceros países y, en general, en uno de los mayores escándalos en los que se ha visto envuelta la agencia en toda su existencia. No es que la implicación de la CIA en malos tratos sea algo nuevo, como demuestra Gordon Thomas en su último libro, Las armas secretas de la CIA, que acaba de publicar Ediciones B, pero nunca había alcanzado esta escala.

La incapacidad para prever el 11-S demostró que EE UU carecía de fuentes y de información fiable en el núcleo duro del terrorismo islámico y de Al Qaeda. Un antiguo miembro de la división para Oriente Próximo dijo: “La CIA probablemente no tiene ni un solo agente que pueda hacerse pasar por un musulmán fundamentalista y que esté dispuesto a pasar varios años de su vida con comida de mierda y sin mujeres en las montañas de Afganistán. Por Dios, si la mayoría vive en Virginia”. Un oficial, todavía en activo, afirmó: “Las operaciones que incluyen la diarrea como forma de vida no existen”. Siete años después, la situación no parece haber mejorado, y, de hecho, Osama Bin Laden seguía en libertad en el séptimo aniversario del 11-S.

“Rusia, China e incluso Irán son nuevas superpotencias, que cada día son más poderosas. Y no sólo eso: la CIA no sabe casi nada sobre los talibanes o incluso sobre los narcóticos que fluyen desde Afganistán”, afirma el veterano Robert Baer, que se muestra tajante sobre la tortura: “No vale para nada, sólo sirve para destruir las leyes internacionales”.

“Bush y Cheney han debilitado a la CIA y a Estados Unidos”, señala Robert Littell. “Y se tardarán muchos años antes de que una nueva Administración sea capaz de deshacer el daño que han infligido”. El legado de cenizas sigue vivo.

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